¿Que podría desprenderse de un Fab-Lab?

Yo soy Salvador, estudié diseño, es decir, pasé incontables horas escuchando discusiones sobre la forma: su importancia y la falta de ella; su estancamiento o reinvención; sus apegos a una cultura o su tendencia a globalizarse;miniatura o pesada, desechable o lista para quedarse… la forma se desdoblaba frente a mi cada semestre. Me refiero únicamente a la forma y no a la función porque justamente de estas discusiones centradas en la forma nace la fijación por un diseño hiperfuncional… disque más honesto, disque más noble. En términos muy estrictos, la forma y la función, en un contexto académico contemporáneo mexicano,vienen siendo la misma puerca pero revolcada.

Por ello pronto me cansé de las especulaciones en este sentido y desplacé mis inquietudes a otros ámbitos. Por ejemplo comencé a concebir los diseños como una suma de sus procesos.Me explico a continuación:

Cuando uno (osea tú o yo o el otro) ve un cepillo de dientes existen un sin número de cualidades intrínsecas a este objeto que es imposible sospechar si nos limitamos a contemplarlo en alguna tienda (museo, libro o feria) o a usarlo en la intimidad de nuestra casa.

¿Dónde fue producido? ¿Quién lo hizo?¿Cuáles son sus materiales?¿Cómo se obtuvo esta materia prima?¿Qué procesos requirió para ser producido?¿Habrá alguien entusiasmado con la idea de desarrollar cepillos de dientes que contengan metáforas provocadoras y que al mismo tiempo te permitan tener una higiene bucal impecable ?¿Habrá otra manera de limpiarse los dientes que no parta del cepillo y la pasta complementaria? ¿Por qué se lavan diferente la boca en Taiwan que en India?

Nah, yo voy y me compro mi cepillo de dientes amarillo.Porque me gusta el amarillo. Un cepillo protoflexible-antibacterial-postcaries-neoreinventado. Un cepillo que parece venido de ningún lado, hecho por ningunas manos, que apareció así nomas, y que me acompañará hasta que sus cerdas se crispen irremediablemente.

Pero el petróleo con el que se hizo el nylon de las cerdas viene de África, donde la explotación desmedida e irresponsable de este recurso a sumergido a muchos países en una ruina política, social y ambiental. La gente que hace (revisa o empaca) los cepillos quisiera jubilarse lo más pronto posible para acabar con el tedio de un producción sin horizonte. Quienes los diseñan se preguntan seriamente ¿Esta línea es lo suficientemente sensual?¿Es elegante? ¿Este color comunica higiene? Preguntas parecidas a las que una quinceañera, minutos antes de salir frente a una multitud que la espera, enfrenta escogiendo su maquillaje. La maquinaria para inyectar los cepillos y sus moldes complementarios cuestan una fortuna que solamente puede pagar una empresa enorme . La forma del cepillo me dice que lo puedo agarrar sin problemas, para ejecutar las acrobacias que mi boca me exija, y que es perfectamente simetrico, pero poco más que eso. Finalmente lavarse los dientes no es precisamente una experiencia que entendamos como disfrutable… no es casualidad que los niños se resistan a sacudirse dientes, lengua y encías con tanto ahínco.

Frente a esto alguien argumentara que esto que describo son simplemente matices de la producción industrial, pero que esta al fin y al cabo esta tiene ventajas que compensan dichas “nimiedades”: las cosas fallan menos (al menos justo después de comprarlas), se producen más rápido y tienen un costo “accesible”

Sin embargo un producto termina por reflejar (tanto en el producto en sí como en la experiencia de uso) los procesos que le componen, su complejidad, honestidad y coherencia (o falta de ellas). En ese sentido la producción artesanal tiene amplias ventajas sobre la producción industrial, sobre todo porque el que obtiene y prepara la materia prima, diseña el producto, lo fabrica y hasta lo vende, es una misma persona (o grupo de personas), que tiene no solamente un conocimiento profundo de lo que esta haciendo, sino también un cariño genuino hacia su oficio. Por supuesto que la producción artesanal tiene su limites (yo dudaría claramente en usar un condón artesanal), pero frente a la posibilidad de implementar un Fab-Lab en Oaxaca, que justamente nos invita y nos permite ser artesanos, (si bien a través de máquinas ligadas a la producción industrial) consideró deberíamos hacernos varias preguntas que se desprenden de la reflexión que he venido desarrollando. Por el momento yo quisiera proponer las siguientes:

¿Cómo podemos usar estas máquinas de tal forma en que no caigamos en el sinsentido de una producción industrial y aprovechemos su capacidad para fabricar tanto productos como herramientas?

¿Qué implicaciones tiene producir o replicar un objeto o una herramienta a partir de una cortadora CNC o laser? ¿Qué materiales nos permite usar? ¿Qué nos permite hacer que hoy no es difícil o imposible realizar?

¿Cómo podríamos influir sobre la constitución misma del Fab-Lab ¿Qué significa un Fab-Lab en Oaxaca? ¿En puede o debería ser diferente a uno en Barcelona o en Pakistán?

¿Qué valor tiene una impresora 3D en un contexto donde un gran número de personas ya imprimen sus inquietudes materiales con las manos? ¿Cuáles serían las posibilidades de una máquina así, excediendo sus claros usos ornamentales (¡se puede hacer más que sillas y joyería!) ?

¿Cómo podemos diseñar productos que sean “transparentes”, es decir, que tengan la capacidad de hablar del contexto y medios por los que fueron creados?

Salvador

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